Espacio web dedicado a plasmar mis reflexiones, con la esperanza de sentirme comprendido y autocompletado al leerme
viernes, 25 de mayo de 2012
Vejez
A juzgar por el estado en que me hallo a esta edad,
en esta época sombría de mi vida, me atrevería a decir que si alguna vez
enfermase gravemente, no sería sino por el transvase hacia el cuerpo de la
negrura de mi mente. No padezco males propiamente físicos, pero sí
síntomas físicos provocados por ese derramamiento de aquello de putrefacto
que habita en mi alma. Me pienso a una edad ya avanzada y no puedo más que
imaginarme dentro de una tortura aun más fuerte que la presente, y, por
ende, con síntomas de muerte más poderosos.
Anestesia
Mi cerebro es una máquina pesada y desengrasada, y
mis pasiones, tesoros enterrados en tiempos pasados. Las personas, las
cosas, mis opiniones, unas y otras se me presentan vaga y lejanamente,
como si me fuese imposible abordar cualquier cuestión y, más aun, ver los
aspectos de las cosas que en mí despiertan la curiosidad. Pero la
actividad, el movimiento, tienen en mí el papel de un hechizo regenerador.
Si normalmente paso por la vida como un alma anestesiada que ni desea ni
conoce con soltura, la actividad hace que vayan entrando en mí las cosas y
que yo vaya consiguiendo penetrar en ellas. Y puesto en marcha tal
engranaje de la posibilidad de intercambiar opiniones y pareceres con el
mundo, se manifiestan en mí aquellos tesoros preciosos que tiempo atrás
fueron separados de mis entrañas. Tal es el bienestar que experimento
cuando visualizo el relieve de la realidad, que un sentimiento de temor y
de fatalidad acompaña, no sin razón, a ese otro de arrojo hacia la Vida y hacia las cosas.
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