viernes, 31 de agosto de 2012

Ventanas

Desde hace años ansío que mi ser viva lo más cerca posible de mi piel. Nuestra piel es un muro lleno de ventanas, a través de las cuales el ser y la Vida intercambian miradas. La Vida arroja piedrecitas a estas ventanas cutáneas, sin más intención que la de llamar la atención, pues quiere ser atendida. Pero el ser es miedoso. Se oculta en el estómago, en el hígado, tras cualquier cortina orgánica que le ofrezca un buen tejido opaco. Su lugar favorito es el cerebro, su escondite perfecto. Allí se pone a juguetear con las ideas, las cuales discurren acerca de la Vida, de cómo podrían organizarse para producir una sensación de bienestar, y de qué significado hay en esas piedrecitas. Pasan las horas muertas en el cerebro, mientras que más allá de la piel van sucediéndose, unas tras otras, las horas vivas.